EL REMANENTE I. ¿Cómo descubrir la verdadera iglesia de Jesucristo?

“Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia” (Romanos 11:5).

Es muy bella la oportunidad que nos da el Señor para anunciar su palabra, llevando con ella el conocimiento a miles de hombres y mujeres que requieren con urgencia una salida del laberinto religioso en que se encuentran. Miles son miembros de iglesias religiosas y tradicionales, otros pertenecen a comunidades denominadas cristianas pero igualmente plagadas de vanas costumbres que son ajenas al lenguaje y la sana doctrina de la palabra del Dios Altísimo.

Al abordar este tema, se asume una gran responsabilidad, particularmente con el pueblo redimido, sediento de verdades concretas y abiertas, sin tapujos y mitos religiosos, que en lugar de edificación, han traído confusión y miseria espiritual  a los militantes de las doctrinas apostólicas. Profundo agradecimiento al Señor de la Gloria por el permiso que nos otorga para exponer estos temas de vital importancia y de suma urgencia para quienes desean heredar las promesas hechas por el Señor. El texto de la Escritura citado en esta introducción hace directa referencia a la experiencia que vivió el profeta Elías cundo estuvo escondido en una cueva huyendo de la malvada Jezabel.

“No ha desechado Dios a su pueblo, el cual desde antes conoció. ¿O no sabéis que dice de Elías la Escritura, como invoca a Dios contra Israel, diciendo: Señor a tus profetas han dado muerte, y tus altares han derribado; y procuran matarme? Pero ¿qué dice la divina respuesta? Me he reservado siete mil hombres, que no han doblado la rodilla de delante de Baal” (Romanos 11:2-4).

La historia del profeta Elías, además de fascinante, es edificante en gran medida, como también reveladora de grandes verdades para fortalecer nuestro conocimiento del programa de Dios para sus hijos. Si dividimos este bello relato en siete pasos, los cuales podemos denominar como “el camino hacia la gloria”, tendremos el siguiente resultado:

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1 –  LA PROVISIÒN

Estando en el arroyo de Querit, frente al Jordán, los cuervos le traían pan y carne por la mañana, y pan y carne por la tarde, y bebía del arroyo (I Reyes 17:6).

Siempre el Señor ha sido fiel a sus promesas de protección y provisión para con sus servidores. Lo que hallamos en esta Escritura lo confirma con absoluta claridad, pues aun seres irracionales son usados para sustentar al pregonero de su palabra. Lo que menos debemos temer quienes hemos asumido este reto de alimentar el remanente santo con la palabra del Señor, es el hecho que tal vez no tengamos los recursos necesarios para nuestra manutención y demás necesidades diarias. El mismo que sostuvo a Elías, Eliseo o a Juan el Bautista, es exactamente el que nos sostiene a nosotros para que sigamos siendo fieles voceros de Dios en medio de un mundo de especias tinieblas de pecado, y de igual manera, muchas iglesias plenamente marcadas por la apostasía.

2 –  LA MULTIPLICACIÒN

“Porque el Señor Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que el Señor haga llover sobre la faz de la tierra” (I Reyes 17:14).

Es maravilloso tener de nuestro lado al Dios multiplicador, es quien puede multiplicar por cero, dándole fuerzas al que no tiene ningunas, haciendo el milagro ante la multitud hambrienta, dándonos cada día mayor sabiduría, estrategias nuevas para extender su reino en medio de los hombres, lo cual traerá consigo bendiciones sin ningún límite. Hoy se hace sumamente urgente que el Señor multiplique los pequeños cinco panes y los dos peces, ya que la multitud esta muy hambrienta de este maná escondido que ha sido reservado para el remanente escogido por gracia.

3 –  LA CONFIANZA

“Entonces cayó fuego del Señor, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja” (I Reyes 18:38).

Se requiere tener mucha confianza en Señor para hacer semejante desafío delante de esta gran multitud, llenos de incredulidad e idolatría, y además marcados por la oscura sombra de la apostasía. Elías no tiene la menor duda, “…y el Dios que respondiere por medio del fuego, ese sea Dios”. Toda esta información es muy valiosa para llegar a entender el valor que tiene “el remanente”, pues está claro que cuando el profeta tuvo todas estas experiencias, “los 7 mil” ya estaban en algún lugar reservados directamente por el Señor. ¿Quién los evangelizo? ¿Quiénes eran sus pastores? ¿A qué denominación pertenecían? ¿Cuál era el auditorio suntuoso donde se reunían? Dejamos abiertas estas preguntas para que las respondan los “reverendos que comercian con las almas”, tal vez su abultada teología contenga las respuestas adecuadas para responder a quienes siguen creyendo que una organización puede salvar a los pecadores, y además pensar que el dinero es el que da la solución a los problemas de crecimiento y perseverancia de las congregaciones.

4 –  LA ESPERANZA

“Entonces Elías dijo a Acab: Sube, come y bebe; porque una gran lluvia se oye” (I Reyes 18:41).

No importa si han pasado mas de tres años sin que la lluvia llene los estanques y refresque la tierra, pero si el Señor lo ha prometido, la esperanza está viva, el milagro sucederá. El profeta habla con absoluta certeza, “una gran lluvia se oye”. Esta es una hermosa frase que ha de estar siempre presente en el léxico del remanente, palabras de fe, que infundan cada vez, mayor valor en quienes las escuchen. Las religiones andan en lamentos, en desánimo y en miseria. El pueblo elegido vive en victoria aun en medio de las aparentes derrotas.

¡Una gran lluvia se oye! Almas nuevas, miles de convertidos, enorme cantidad de nuevos obreros, centenares recibiendo la revelación del Nombre de Jesucristo, un gran avivamiento con genuino derramamiento del Espíritu Santo, recursos económicos suficientes para atender la obra de Dios de manera adecuada, todo lo que sea necesario para el desarrollo de esta comunidad que para muchos es desconocida, pero que es bien conocida por el Señor de la Gloria.

5 –  LA DEBILIDAD

“Y el se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse; dijo: Basta ya, oh Señor, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres” (I Reyes 19:4).

Cuando leemos estas palabras, casi que nos cuesta creerlas, pues hemos traído en nuestra mente la imagen de aquel hombre valiente y decidido, alimentado por cuervos a la orilla de un arrollo, quien fue testigo de la multiplicación de la harina y el aceite, además de ver como resucitó el hijo de la mujer viuda. Pero como si esto fuera poco, mira como desciende el fuego del cielo después de una sencilla oración, y para completar, observa como la tierra agrietada por una sequía de mas de tres años, es empapada por la torrencial lluvia que Dios envía. Pero debemos entender que este es un fiel retrato de la debilidad humana, siempre propensa al cansancio, a la fatiga, e incluso a la extrema depresión.

6 –  LA RESTAURACIÓN

“Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios” (I Reyes 19:8).

Es maravilloso saber que aunque nos agobien los problemas, siempre en el Señor tendremos una salida, pues él no escatima ningún recurso para brindarnos siempre su ayuda y bendición. Hermoso lo que el el Señor hace en su grande y abundante misericordia para restaurar a sus hijos que tal vez muchas veces le hemos fallado. Es muy triste saber que existen muchos enemigos de la restauración aun dentro de las mismas congregaciones, quienes se oponen abiertamente a que personas que se han reconciliado con Dios, ahora no solo puedan llevar una vida cristiana con solvencia, si no que también puedan ministrar en las diferentes áreas del servicio.

7 –  LA META FINAL

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“Y aconteció que yendo ellos y hablando, he aquí que un carro de fuego con caballos de fuego aparto a los dos; y Elías subió al cielo en un torbellino” (II Reyes 2.11).

Este es, sin duda, el mayor anhelo de todo fiel creyente en el Señor, llegar a la meta meta final, habiendo vencido todo obstáculo que se halla presentado en el camino, pruebas o mil persecuciones. Lo mas importante, no siempre es iniciar un camino, pues bien sabemos que miles lo emprenden a diario, lo mas grande y valioso es terminar la carrera que nos hemos propuesto. Debemos estar muy agradecidos con el Señor por permitirnos estar todavía firmes y con la plena convicción que llegaremos triunfantes hasta la meta que esta preparada.

Una vez mirada de manera resumida la vida del profeta Elías, nos queda claro cuál es el camino a la gloria, teniendo en cuenta que no somos perfectos, que a pesar de ser fieles y perseverantes, siempre habrá momentos de debilidad y peligros de fracaso. De esta escala de valores en la vida del profeta, usaremos al número 6, La Restauración, pues es justo allí donde aparece “EL REMANENTE”. El hombre de Dios había optado por buscar un escondite debajo de unas rocas. Tenía en su mente una idea clara: El y nadie mas que él, era el último de los profetas, era una especie en vía de extinción, si llegara a morir, como todo parecía indicar, quién lo podría remplazar? Esta es una triste, pero muy cruda realidad. Llegamos a pensar que somos únicos e irremplazables, que somos tan importantes como miembros o directivos de una organización, que si llegaremos a faltar, no solo nadie nos podrá reemplazar, sino que todo se vendrá abajo, pues los únicos capaces de manejar todo adecuadamente, somos nosotros.

¡Que pobre manera de pensar! Exactamente lo mismo está ocurriendo en nuestros días. Existen miles de creyentes y predicadores de muchas congregaciones en el mudo que están considerando ser únicos e irremplazables. Nadie cree como ellos creen, nadie predica como ellos lo hacen, no hay santos como ellos, sus iglesias y doctrinas son exclusivas, no hay nada con lo cual se les pueda comparar. Pero ellos no saben que hay UN REMANENTE escogido por la gracia y misericordia del Dios Altísimo. Es “una iglesia no conocida”, la cual no se distingue o identifica por títulos o rangos de grandeza, no se rige por reglamentos internos complicados y reformados cien veces, el remanente santo de Dios solo se alimenta con el Maná Escondido de la palabra divina, no es la razón social su bandera o estandarte, no lo son sus mandamientos y normas de hombres el modelo a seguir.

¡Sal fuera¡ Esta fue la voz del Señor para el profeta, y lo es hoy también para el pueblo elegido. Es hora de salir de nuestro escondite religioso, de las cuatro paredes de nuestra religión institucional, de tradiciones y normas sectarias, la cuales han sido la causa de nuestro retroceso y estancamiento. Una vez que el Señor ordena a Elías que salga de la cueva, ocurren curiosos fenómenos naturales. Un grande y poderoso viento, un terremoto, y un fuego ardiente. En ninguno de estos elementos de la naturaleza estaba la presencia del Señor, pero si lo estaba en un silbo suave y apacible. A veces creemos que sólo en los grandes eventos se manifiesta la presencia de Dios, pero con esta declaración queda demostrado que el Señor puede mostrar su presencia aun en los elementos mas simples, pero que van cargados de un grande significado y cuyos efectos serán siempre de enorme trascendencia.

¡Sal fuera! No hay duda que es la misma voz con el mismo mensaje, es la que hoy esta sonando en todo el mundo. ¿Qué hacemos encerrados en una cueva? No es hora de escondernos, es el momento de salir y dar a conocer el poderoso mensaje de salvación y restauración. El profeta pensaba que estaba haciendo lo correcto, pero ignoraba que había un remanente, eran siete mil personas que no adoraban a Baal, no seguían la corriente del mundo, habían sido apartados para adorar y servir al Dios Vivo y Verdadero. No hay razón para estar encerrados en nuestras organizaciones religiosas, totalmente inoperantes y estacados.

Seguir, a través de las Escrituras, la historia de lo que se conoce como el remanente, es, además de interesante, muy instructivo y alentador. Podemos señalar desde el principio que la existencia misma de un remanente demuestra el fracaso del testimonio visible o cuerpo religioso, ya sea judío o cristiano. Si todos fueran fieles, naturalmente no habría ninguna razón moral para que exista un remanente, ninguna necesidad de distinguir a unos pocos del cuerpo general de creyentes nominales. El remanente, en todos los tiempos, se halla constituido por aquellos que reconocen y sienten el fracaso y la ruina comunes, y que cuentan con Dios y se aferran a su Palabra. Éstas son las grandes marcas que caracterizan al remanente en todas las épocas. Hemos fallado, pero Dios permanece fiel, y su misericordia es desde la eternidad hasta la eternidad.

A medida que sigamos las huellas del remanente en los tiempos del Antiguo Testamento, veremos que cuanto más decadente es la condición moral del pueblo, más rico es el despliegue de la gracia divina, y que cuanto más profundas son las tinieblas morales, más intenso es el brillo de la fe individual. Esto está cargado del más bendito estímulo para todo fiel hijo de Dios y siervo de Cristo que reconozca y sienta el naufragio y la irremediable ruina de toda la iglesia tradicional. Es algo indeciblemente alentador para toda alma fiel estar segura de que, por más que la Iglesia haya fracasado, tiene el privilegio de gozar individualmente de una tan plena y preciosa comunión con Dios, y de andar en una senda de obediencia y bendición tan elevada como en los días más brillantes de la historia de la Iglesia.

“Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios” (Romanos 8:19).

El mundo está cansado de manifestaciones religiosas, políticas, culturales, comerciales y hasta satánicas. Es un completo mercado Persa en cuanto la oferta y la demanda religiosa, pero la tierra sigue gimiendo en su dolor y ausencia de valores éticos y morales. Es tiempo entonces de hacer la tarea que el Señor nos ha encomendado, no escatimando esfuerzo alguno en materia de compromiso y servicio al Señor. Es ahora cuando se a saber de qué estamos hechos, si realmente hemos asumido un compromiso solido y sincero de servicio. Es posible que estemos desarrollando muchas tareas para aparentar ser útiles a una organización religiosa, pero en el fondo solo buscamos figuración. Ya no hay tiempo para solo apariencias, es hora de hacer las obras de nuestro Padre Celestial, entre tanto que el día dura, la noche viene cuando nadie podrá obrar (Juan 9:4).

El remanente en los tiempos del Antiguo Testamento

En el capítulo 30 del segundo libro de Crónicas tenemos el confortante y alentador relato de la Pascua celebrada en los tiempos de Exequías, cuando la unidad visible de la nación no existía más y cuando todo estaba en ruinas. No citaremos todo el pasaje, por interesante que sea, sino que sólo leeremos las líneas finales en relación con nuestro tema: “Hubo entonces gran regocijo en Jerusalén; porque desde los días de Salomón hijo de David rey de Israel, no había habido cosa semejante en Jerusalén” (v. 26). Aquí tenemos, pues, una hermosa ilustración de la gracia de Dios reuniendo a aquellos de entre su pueblo que reconocieron su fracaso y sus pecados y asumieron su verdadero lugar de humillación en Su presencia. Ezequías y aquellos que estaban con él estaban plenamente convencidos de su pobre condición y, en consecuencia, no se atrevieron a celebrar la Pascua en el mes primero. Ellos se valieron de las provisiones de la gracia, como aparecen en Números 19, y celebraron la fiesta en el mes segundo. “Porque una gran multitud del pueblo… no se habían purificado, y comieron la pascua no conforme a lo que está escrito. Mas Ezequías oró por ellos, diciendo: el Señor, que es bueno, sea propicio a todo aquel que ha preparado su corazón para buscar al Señor, el Dios de sus padres, aunque no esté purificado según los ritos de purificación del santuario. Y oyó el Señor a Ezequías, y sanó al pueblo” (v. 18-20).

Vemos aquí la gracia de Dios reuniendo, como lo hace siempre, a aquellos que confesaron sinceramente sus fracasos y su debilidad. No había allí ninguna arrogancia ni pretensión, ninguna dureza de corazón ni indiferencia. Ellos no buscaron encubrir su verdadera condición ni semejar que todo estaba bien; no, ellos asumieron su verdadero lugar de humillación, y se abalanzaron sobre esa gracia inagotable que nunca deja sin consuelo a un corazón contrito. ¿Cuál fue el resultado?: “Así los hijos de Israel que estaban en Jerusalén celebraron la fiesta solemne de los panes sin levadura por siete días con grande gozo; y glorificaban al Señor todos los días los levitas y los sacerdotes, cantando con instrumentos resonantes al Señor. Y habló Ezequías al corazón de todos los levitas que tenían buena inteligencia en el servicio del Señor. Y comieron de lo sacrificado en la fiesta solemne por siete días, ofreciendo sacrificios de paz, y dando gracias al Dios de sus padres. Y toda aquella asamblea determinó que celebrasen la fiesta por otros siete días con alegría” (v. 21-23).

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Acerca de nuevoamanecerglobal.

Soy pastor con experiencia por 40 años, dedicado a dictar conferencias en temas de familia, vida cristiana, liderazgo y teología en general. El propósito es brindar ayuda y orientación a grupos cristianos de diferentes denominaciones, como también a familias y personas particulares. La fundación Nuevo Amanecer Global se origina pensando en la necesidad de miles de personas que buscan con ansiedad la Palabra Divina, que aman la cultura de la investigación, la formación integral y el servicio integral. Nuestro lema: EDUCANDO PARA LA ETERNIDAD.
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