SINÓNIMOS DEL PECADO

¿Qué es Sinónimo?

Los sinónimos son palabras o expresiones que tienen significados iguales o muy parecidos, y que pertenecen a la misma categoría gramatical, por lo tanto, se pueden substituir o intercambiar en un texto sin que este sufra modificación en su sentido. Los sinónimos son un recurso muy útil en la redacción de textos para los profesionales de la escritura, como los escritores, periodistas y guionistas, así como para estudiantes e investigadores que estén realizando un trabajo escrito o una monografía.

NAAMAN

1- LA LEPRA

Isaías 1:3-6 El buey conoce a su dueño, y el asno conoce el pesebre de su amo, pero Israel no entiende; ¡mi pueblo no tiene entendimiento!» ¡Ay, gente pecadora, pueblo bajo el peso de la maldad! ¡Ay, simiente de malvados, hijos corrompidos que han abandonado al Señor! Han provocado la ira del Santo de Israel; ¡le han dado la espalda!¿Por qué quieren ustedes ser castigados todavía? ¿Van a seguir siendo rebeldes? Tienen toda la cabeza enferma, y todo el corazón adolorido. De la punta del pie hasta la cabeza no tienen nada sano. Todo son heridas, hinchazones y llagas abiertas, que nadie ha curado ni vendado ni limpiado con ungüento.

El profeta Isaías, tomando como testigos los seres inanimados y buscando la aprobación de lo que va a decir de la misma naturaleza muda, para que se asocie al profundo dolor del Señor ante la lamentable conducta de su pueblo predilecto. Ya Moisés, al dar la Ley, había invocado al cielo y a la tierra, poniéndolos por testigos de que había dado la Ley a Israel y, al mismo tiempo, de las penas que irían anejas al incumplimiento de los preceptos del Señor. La enormidad del pecado de Israel está, sobre todo, en que Israel estaba vinculado como pueblo desde su origen al Creador por un pacto bilateral con condiciones y obligaciones mutuas: El Señor, que le había escogido como pueblo entre todos los de la tierra, se había comprometido a tratarle como Padre, considerándole como “reino sacerdotal y nación santa,” surgiendo de ello unas relaciones de paternidad y filiación que deberían respetarse a través de los siglos.

Una de las cosas mas terribles que la mayoría de los occidentales nunca han experimentado es la enfermedad de la lepra. En los últimos tiempos, la lepra ha comenzado aparecer en nuevos lugares y, en algunos casos, no responde a los antibióticos, lo que ha provocado cierta preocupación entre los profesionales de la salud. A pesar de la baja incidencia de la lepra en todo el mundo hoy en día, vemos numerosas menciones de ella en la Biblia. Por esta razón, un estudio sobre lo que es la lepra y por qué la Biblia la menciona tanto es necesario.

El hecho de comparar el pecado con la lepra, no deja de ser un señalamiento muy fuerte, pero si dimensionamos la gravedad de la enfermedad, pudiéramos decir que nuestro médico especialista usa de gran sinceridad y realismo a la hora de dar el diagnóstico y los resultado finales del paciente. Como bien sabemos, la lepra fue en el pasado y lo es en la actualidad, una enfermedad altamente contagiosa y mortal.

La transmisión de la enfermedad

Romanos 5:12 Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.

Es éste el lugar clásico para demostrar la existencia del pecado original; sin embargo, como aparece claro del contexto en que está enmarcada la proyección del tema, la intención directa del Apóstol no es tratar del pecado original, sino valerse de esa doctrina como punto de referencia para mejor declarar la acción reconciliadora y vivificadora de Jesucristo en calidad de segundo Adán. Para San Pablo, Adán y Jesucristo son como dos cabezas o troncos de raza que arrastran en pos de sí a toda la humanidad: el primero llevándola a la perdición, el segundo devolviéndole los dones perdidos e incluso enriqueciéndola con otros nuevos. Evidentemente, Pablo en esta anécdota está evocando la imagen de Adán, tal como es presentada en los primeros capítulos del Génesis.

No hay manera de eludir nuestra responsabilidad y culpa cuando del pecado se trata, no podemos de ningún modo justificarnos, pensando que no hemos pecado o que somos inocentes de maldad. Tenemos que admitir que no solo hemos heredado el pecado de nuestros antepasados, sino que también lo hemos practicado en nuestro diario vivir, razón por la que tenemos que buscar quien nos justifique y salve de tal condición.

Job 4:17-19 ¿Será el hombre más justo que Dios?
¿Será el varón más limpio que el que lo hizo?
He aquí, en sus siervos no confía,
Y notó necedad en sus ángeles;
¡Cuánto más en los que habitan en casas de barro,
Cuyos cimientos están en el polvo,
Y que serán quebrantados por la polilla!

Aunque Job se sienta inocente, sin embargo, Dios es tan puro y santo, que ningún ser humano puede considerarse justo y puro, ya que hasta en sus mismos ángeles halla tacha. La descripción de la aparición nocturna no puede ser más bella e insinuante. Elifaz, obsesionado por la tragedia de Job, se ha dormido, y de noche se le ha revelado una clave del misterio del sufrimiento humano: todos los hombres son pecadores en mayor o menor grado, y, por tanto, las desgracias les vienen muchas veces inesperadamente y sin justificación aparente. ¿No será éste el caso de Job?

La nueva argumentación trata de atenuar la suposición expuesta anteriormente de que el que sufre es necesariamente por sus pecados. Esto resulta muy duro para Job, que no tiene conciencia de transgresión grave ante su Dios; por ello hay que buscar otra solución al misterio del dolor: la pureza, santidad y trascendencia de Dios se sienten afectadas por la imperfección de sus criaturas, y, por eso, los sufrimientos enviados por la Providencia responden a imperfecciones y pecados ocultos de los que apenas se tiene conciencia.

Job 25:4-6 ¿Cómo, pues, se justificará el hombre para con Dios?
¿Y cómo será limpio el que nace de mujer?
He aquí que ni aun la misma luna será resplandeciente,
Ni las estrellas son limpias delante de sus ojos;
¿Cuánto menos el hombre, que es un gusano,
Y el hijo de hombre, también gusano?

Ni los astros con su brillo son dignos de acercarse a la pureza de Dios. Mucho menos el hombre, que como gusano se arrastra sobre la tierra, puede presentarse erguido ante el tribunal divino. La expresión hijo de hombre tiene el sentido de perteneciente a la raza humana, con todo lo que implica de humildad y fragilidad frente al Dios fuerte.

trata-de-esclavos1

LA ESCLAVITUD

Esclavitud es el estado de un esclavo. Se trata de un sistema en el que las personas son tratadas como propiedad, son vendidas, compradas y obligadas a trabajar o realizar determinadas tareas. Una persona liberada de la esclavitud es llamada liberto (especialmente durante el Imperio Romano). A lo largo de la Historia la esclavitud ha estado institucionalizada y reconocida. En la actualidad todos los países prohíben la esclavitud aunque se estima que existen entre 20 y 30 millones de esclavos en todo el mundo. La esclavitud se presenta de múltiples formas: matrimonios forzados, niños soldado, esclavitud por deuda. Hoy en día, existen diversas organizaciones como Amnistía Internacional que denuncian la esclavitud.

Juan 8:31-34 Entonces Jesús dijo a los judíos que habían creído en él: «Si ustedes permanecen en mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.» Le respondieron: «Nosotros somos descendientes de Abrahán, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo puedes decir: “Ustedes serán libres”?» Jesús les respondió: «De cierto, de cierto les digo, que todo aquel que comete pecado, esclavo es del pecado.

La simple pertenencia material al “linaje de Abrahaam” los hacía tenerse por la raza superior y señora de todos los evangelios reflejan esta creencia popular de orgullo judío. El Bautista les dice: “No os forjéis ilusiones, diciéndoos: Tenemos a Abraham por padre”. De ahí esta respuesta, con la complementaria de que “no han sido jamás siervos de nadie,” en el sentido de que las opresiones y esclavitudes que experimentaron en su historia, hasta el punto de “no haber sido independientes más que cuatro siglos sobre catorce antes de nuestra era”, no las habían soportado voluntariamente, sino con el ánimo rebelde a su imposición, al menos el grueso de la nación. Es lo lógico y patriótico ante una invasión extranjera. Los “zelotes” serán un exponente final de esta rebeldía e insumisión al poder de Roma.

Pero Cristo les hace ver la más terrible servidumbre en que están y pueden permanecer: “el que comete pecado es siervo del pecado.” La historia de Israel les hacía ver que las invasiones experimentadas eran el castigo a las infidelidades externas del Señor, aparte de los pecados personales íntimos. Pero el pensamiento de Cristo se orienta concretamente a una nueva perspectiva de su transgresión moral: su actitud hostil ante Cristo, el Mesías; su obstinación en no reconocerle. Esto los hace reos de un pecado gravísimo; son, pues, esclavos. Necesitan creer en El, para que esta verdad los haga libres de su error judío.

Todo descendiente de Abraham era considerado como un hombre “libre”. Pero la simple pertenencia material racial no salva. Se ilustra con una evocadora comparación, en la que se expresa también la necesidad de esta fe liberadora en Cristo. En una casa, el “siervo” siempre está expuesto a ser despedido y a no permanecer en ella; el “hijo,” en cambio, es como dueño de ella y heredero natural de la misma: “el hijo permanece para siempre.” Sin la fe en Cristo, Israel está expuesto a ser echado fuera de la “casa,” del reino. Su pensamiento se entronca con las parábolas y alegorías en que se anuncian la expulsión del pueblo elegido del reino mesiánico. Pero, al mismo tiempo, se enseña que la verdadera “liberación,” que es la moral, no la da la Ley, sino que es obra del Mesías. Cristo es el Redentor de todo pecado. Por eso no tenían la verdadera filiación del padre de los creyentes, y aun creyéndose libres, eran “esclavos” de pecados y del gran pecado de no creer en Cristo, el liberador de la servidumbre.

Romanos 6:16-18 ¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia? Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia.

Lo que el Apóstol quiere decir es que, aunque, bajo el régimen de “la gracia,” el pecado no tiene ya fuerza para dominarnos, eso no significa que nosotros no podamos volver a caer de nuevo en su “esclavitud”; la única diferencia respecto de tiempos anteriores está en que ahora esa “esclavitud” es voluntaria, mas la naturaleza de la “esclavitud” sigue igual e iguales también las consecuencias a que ella nos lleva.

En la época en que escribe San Pablo, la idea de “esclavitud” estaba en el ambiente y era en extremo expresiva; de ahí que el Apóstol se valga de ella para mejor hacer entender a sus lectores las obligaciones que la nueva fe nos impone. Es de notar, sin embargo, que la palabra “esclavitud,” aplicada a nuestra sumisión al Evangelio, no le gusta a San Pablo, que más bien prefiere hablar de “libertad” cristiana; por eso se excusa de tenerla que emplear aquí, en atención a que sus destinatarios no habrían podido comprender razones conceptuales más profundas, mientras que les era fácil entender que lo menos que se podía pedir a un cristiano es que pusiese al servicio de la “justicia” cuanto había puesto al servicio del “pecado.”

people at a funeral in a cemetery

LA MUERTE

Mas lo característico de la experiencia humana de la muerte es que en todos los casos desemboca no sólo en la comprensión del hecho de que hay muertes , sino del hecho de que la muerte es algo indisolublemente ligado a la existencia. La experiencia de la muerte, en sus diversas formas, conduce a la convicción del «tener que morir».

Efesios 2:1-2 A ustedes, él les dio vida cuando aún estaban muertos en sus delitos y pecados, los cuales en otro tiempo practicaron, pues vivían de acuerdo a la corriente de este mundo y en conformidad con el príncipe del poder del aire, que es el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia.

Igual que con Jesucristo, también con los cristianos Dios ha mostrado la excelsa grandeza de su poder, sacándolos del estado de muerte en que se encontraban y dándoles nueva vida en Cristo, y todo por pura bondad suya, no por méritos de parte nuestra. Tales son las tres ideas fundamentales de esta historia, en perfecta ilación con la anterior. Respecto de la primera idea, el Apóstol afirma que el estado de muerte por el pecado afectaba lo mismo a gentiles que a judíos, tesis que desarrolló ampliamente en la carta a los Romanos. La expresión “príncipe de las potestades aéreas”, con referencia al demonio y a sus huestes, responde a una concepción muy extendida entre los judíos, y en el mundo antiguo en general, de que los demonios habitaban en el aire o atmósfera terrestre, desde donde ejercían su maligno influjo sobre los hombres.

Este sinónimo del pecado es una alusión al estado de separación que se produce cuando un individuo o una comunidad rompen su comunión con su Creador. Tenemos un mensaje directo del Señor a una de las iglesias de Asia en los días en los días del Apóstol Juan.

Apocalipsis 3:1-2 Escribe al ángel de la iglesia en Sardis: El que tiene los siete espíritus de Dios, y las siete estrellas, dice esto: Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto. Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios.

La carta a la Iglesia de Sardis es la más severa e imprecatoria de las siete. La iglesia de Sardis había decaído mucho de su fervor primitivo y se encontraba en un estado lamentable. Estaba como muerta. Y el pequeño núcleo de cristianos fieles se hallaba amenazado de indiferencia en la vida espiritual. Por eso, San Juan trata con su severa misiva de motivar a la iglesia a volverse al buen camino.

Jesucristo se presenta aquí como el que tiene los siete espíritus de Dios y las siete estrellas. El autor sagrado quiere significar con estas expresiones el poder absoluto que Cristo tiene sobre las iglesias y sobre todos los cristianos. Estas estrellas representan las iglesias a las cuales se dirige San Juan. Y el tenerlas en su mano indica el poder que Jesucristo ejerce sobre los jefes de las iglesias y sobre las iglesias mismas.

Lo dicho anteriormente ha de llamarnos mucho la atención, pues no solamente la muerte espiritual es aplicada a los paganos, que por vivir en pecado durante toda su vida, nunca han experimentado ningún cambio o renovación en sus vidas. Ahora la palabra nos enseña que también quienes son miembros de la iglesia como Cuerpo de Cristo, están propensos a ese estado lamentable de muerte espiritual, lo cual significa separación de la presencia divina.

Debemos tomar estas declaraciones de la palabra de Dios como una voz de alerta, pues si bien es cierto, debemos mantener nuestra firmeza en el camino del Señor, no está demás ser precavidos en cuanto al celo y la obediencia. Seguramente el fracaso de muchos creyentes en su desarrollo y crecimiento espiritual, obedece a sus descuidos reiterados con relación a sus deberes espirituales.

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Acerca de nuevoamanecerglobal.

Soy pastor con experiencia por 40 años, dedicado a dictar conferencias en temas de familia, vida cristiana, liderazgo y teología en general. El propósito es brindar ayuda y orientación a grupos cristianos de diferentes denominaciones, como también a familias y personas particulares. La fundación Nuevo Amanecer Global se origina pensando en la necesidad de miles de personas que buscan con ansiedad la Palabra Divina, que aman la cultura de la investigación, la formación integral y el servicio integral. Nuestro lema: EDUCANDO PARA LA ETERNIDAD.
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